A través de sus manos, conocemos la excelencia de nuestro calzado; a través de sus historias, y de sus conocimientos; descubrimos el legado más valiosos que construyen fuera del taller: el de ser padres.
Ser padre es un oficio que se moldea día a día. En este mes que celebramos una figura tan importante: Papá, quisimos bajar al corazón de nuestro taller para conversar con cuatro maestros artesanos que dan vida a cada par Jean Pierre.
A Manuel le falta tan solo un año para recibir su jubilación, un logro que visualiza con profundo orgullo dentro de la empresa que considera su segundo hogar. "Yo no sabía de calzado, pero la dirección me empujó y me dio la oportunidad. Aquí me han apoyado en las buenas y en las malas", relata con gratitud.
Su historia familiar es tan vasta y rica como su experiencia en el taller. Orgulloso abuelo, Manuel es el pilar de una familia que ha aprendido a mantenerse firme ante las tormentas de la vida.
Una vida de evolución y gratitud
Para Manuel, la figura paterna cobró un significado real cuando sostuvo a su primer hijo en brazos."Hoy entiendo tanto a mis papás. Tengo muy buenos recuerdos de ellos, y les agradezco, pues ellos me empujaron a ser un padre más recto".
Manuel ha sembrado la unión en su familia, para él es importante ser ejemplo de todo para sus hijos: "Uno como padre debe ser ejemplo de todo, de ser humilde con la gente, ayudar en lo que se pueda, echarnos la mano y ser respetuosos".
Los lunes de hogar
El momento más sagrado de la semana para Manuel no ocurre en un día festivo, sino cada lunes. "Tengo hijos que no viven cerca, pero desde hace mucho tiempo se organizaron para que los lunes nos juntemos. Yo salgo del taller con la ilusión en el camino de que voy a llegar y los voy a encontrar a todos ahi: hijos y nietos compartiendo el día".
Si Manuel tuviera de frente a su versión antes de ser padre, no habría mejor consejo que perder el miedo : "Ser papá es un compromiso muy grande y a veces voy a ciegas, pero no hay que darnos por vencidos. Al hombre le toca ser el pilar, y el secreto está en no dejar para mañana nada: hay que hacerlo en el instante, hablar con la pareja y tener toda la confianza del mundo con nuestros hijos. Sí se puede"
Antonio es desvirador. Su labor exige una precisión milimétrica: es quien recibe la suela excedente y la rebaja pacientemente hasta dejarla exacta a la moldura original. La vida ha esculpido su propia historia familiar con este mismo detalle. Hijos que lo mantienen en constante movimiento.
La herencia de los abuelos
Antonio heredó sabiduría y consejos de sus abuelos, por quien fue acompañado en gran parte de su infancia.
Para Antonio, educar consiste en enseñar que la vida es un camino de reciprocidad. "Yo les inculco algo básico pero muy importante: en la vida tenemos derechos y tenemos deberes. Mi deber como padre es trabajar, proveer y cuidar; como hijo es responder, apoyar en casa y estudiar. Mis hijas hoy me lo agradecen" Su filosofía es clara: "El que es humilde y respetuoso va por la línea derecha y va por buen camino".
El valor del reencuentro
Para Antonio, el momento que hace que todo valga la pena, ocurre cuando la mesa se llena. "Cuando nos reunimos a celebrar un cumpleaños, cantamos, disfrutamos y la pasamos muy bien. Ver que hay una relación sana y bonita, me hace sentir que el papel de papá ha valido la pena"
Si pudiera hablar con el Antonio del pasado antes de iniciar este viaje sería "Que no tenga miedo, porque al final, las cosas se van dando de acuerdo a como la vida se presenta".
Gerardo opera con destreza una de las máquinas de inyección en Jean Pierre, un eslabón tecnológico clave en la producción. Su estilo de paternidad no se basa en la imposición, si no en la escucha activa.
"Cada hijo forma su propio carácter y tiene su experiencia de vida. Uno tiene que aprender a conocer su temperamento y saber por dónde llegarles. Yo trato de estar siempre muy cerca de ellos, en comunicación constante".
La escuela del trabajo
La herencia que Gerardo recibió de su propio padre fue el amor a la labor diaria. "Mi papá me enseñó a trabajar desde muy pequeño. Él era un hombre muy trabajador, de pocas palabras y cero regaños; era más de platicar y bromear. De él aprendí la responsabilidad de proveer, de que nunca hiciera falta nada en el hogar".
Esa misma esencia es la que busca transmitira sus hijos como pilar inquebrantable: "Todo se basa en la responsabilidad y el respeto. Si respetas a las personas, tendrás buenas amistades. Si eres responsable en la escuela y el trabajo, vas por buen camino y todo lo vas a lograr".
Volver a la infancia a través de losrecuerdos
En un mundo que se mueve tan rápido, Gerardo encuentra el sentido de su esfuerzo en los pequeños instantes compartidos el finde semana. "A veces uno olvida los detalles cotidianos, pero ahora mis hijos me enseñan las fotos y me recuerdan los bonitos momentos, cuando jugaba a las muñecas, o cuando pintaba carreteras en el piso para los cochecitos"
Al mirar atrás, Gerardo no cambiaría un solo renglón de su historia. Si tuviera la oportunidad de estar frente al Gerardo de hace años, simplemente le daría un abrazo de tranquilidad: "Le diría que se deje llevar por el tiempo, que le espera una familia hermosa y muy unida".
"A mis compañeros les aconsejo que se acerquen a sus hijos; denles las herramientas para que cumplan sus sueños y, cuando llegue el momento, déjenlos volar solitos".

Pepe, es el encargado de dar esa estructura y firmeza esencial a cada pieza, un oficio que exige fuerza, precisión y un compromiso absoluto con la calidad final del calzado.
Convencido de que la mejor forma de educar es a través de las acciones diarias: "A los hijos hay que enseñarles desde pequeños a mirar a los ojos y hablar con la verdad; la honestidad es lo único que te asegura que el día de mañana la gente te respete y te abra las puertas en cualquier lugar".
No es lo que das, sino lo que recibes.
Para Pepe, la verdadera riqueza se mide en los lazos humanos que se construyen en el camino. Él suele aplicar siempre una filosofía de generosidad desinteresada con la gente que lo rodea, una gran lección que su familia aprendió a valorar tras una experiencia en su negocio propio:
"A mí me gusta ser compartido con las personas; si veo que alguien cercano no ha almorzado o necesita apoyo, lo ayudo sin pensarlo. Un día, se vino una tormenta muy fuerte que amenazaba con echar a perder toda mi mercancía. En segundos, todos los comerciantes vecinos dejaron sus puestos y corrieron a auxiliarme: pusieron lonas, tablas y resguardaron mi mercancía. Una de mis hijas me preguntó por qué todos se volcaban a ayudarnos, les dije: No es lo que das hoy, sino el respeto y el cariño que siembras para el día de mañana'. Fue un momento muy hermoso que se me quedó grabado para siempre".
El motor diario.
Heredó de su papa una ética laboral inquebrantable. "Mi papá me dejó la responsabilidad del trabajo, se levantaba y se iba a cumplir su obligación. Yo soy igual". La responsabilidad y el compromiso hacia el trabajo, es algo que jamás dejará de lado.
Para Pepé, el motor de cada jornada es muy sencillo : "Que llegues cansado a casa y tus hijas te reciban con un abrazo sincero....es un amor puro , sin intereses. Te quieren simplemente por ser su papá".
La paternidad, al igual que su oficio diario en el taller, es un arte que se moldea pacientemente con el corazón. No hay moldes perfectos ni manuales escritos; se aprende errando, perdiendo el miedo y entregándolo todo día con día.
Al Pepe del pasado, ese que tenía dudas antes de empezar, le diría con total seguridad: "No cambies nada del proceso, porque cada reto te va a hacer crecer. No tengas miedo. Que tuviera fuerza, disciplina y mucha entrega, que es lo que se merecen".
Hoy, al ver a nuestros maestros artesanos sonreír al hablar de sus hijos, entendemos el verdadero significado de la excelencia. El lujo se encuentra en el alma de quien lo crea y en las historias de amor que sostienen su esfuerzo.
A todos los padres que con paciencia moldean el futuro de sus hijos y les heredan lo mejor de sí mismos: gracias por su dedicación inquebrantable.

1 comentario
¡Hermoso! <3