SER ZAPATERO, SER LEONÉS, SER JEAN PIERRE. - Jean Pierre

SER ZAPATERO, SER LEONÉS, SER JEAN PIERRE.

Publicado por E-commerce JP en

Orgullo, tradición y pasión en un oficio admirable.

Cada 25 de octubre llega una celebración que honra, no solo una leyenda; si no el arduo trabajo, las tradiciones y los conocimientos que día a día nuestro sector deposita en un increíble oficio.

 

 “El día de los zapateros” , “ La festividad de San Crispín” , “Fiesta Zapatera” .

 

Un mismo objetivo: conmemorar el increíble arte de fabricar calzado, reconocer a grandes artesanos de oficio y apreciar auténticas piezas en calzado que llevan, historia, tiempo, conocimientos y una gran pasión en cada uno de sus procesos.

En Jean Pierre celebramos y reconocemos a todos los zapateros en su día . Conocemos y aseguramos la dedicación y el esfuerzo en cada pieza que fabrican.

Admiramos cada par de manos artesanas que fabrican precisas, perfectas y maravillosas piezas de arte en piel.  Es por ello que con orgullo presumimos a unos cuantos que nos han acompañado en importantes periodos de nuestra trayectoria.

 

 

 

 

Soy quien corta la piel. Desde que entregan el material, debo checar que todo este correcto, posteriormente empiezo a cortarlo y cuidar que vaya con la calidad que nos distingue.

Todas las pieles traen un poro diferente que al momento de montado se abre un poco más y es en este proceso inicial el que yo desempeño, donde debes seleccionar y cortar exactamente igual un par, la chinela debe ir perfectamente cortada de la misma área para cada par de zapatos, pues es la que da vista al calzado.

A mí,  me entro el gusto por el arte del calzado, porque mi papá nos llevaba a veces a los talleres donde trabajaba, yo tenía como 8-9 años, mi papa era cortador y nosotros numerábamos las chinelas, desde ahí yo ya sabía lo que era una chinela.

Yo veía como el agarraba la cuchilla y cortaba tan fácil una chinela, yo intentaba agarrar la cuchilla pero no podía ni siquiera hacer una cortadita. Yo me preguntaba ¿Cómo lo hace tan fácil?

Él trabajaba los fines de semana y ahí me podía llevar, me dejaban entrar con él y fue donde me entro el gusto por la fabricación de calzado.

Siempre tenía el pensamiento “Yo me voy a enseñar a hacer lo mismo que mi papá”.

Y así fue. Fui el único de la familia que continúo con este gran oficio. Cuando tuve la oportunidad de elegir que quería ser, dije: Yo quiero ser cortador como mi papá y lo logré.

Desde que empecé a trabajar, a los 18 años he estado en el área del calzado. Empecé como embarrador de suela, posteriormente me enseñé a cortar forro a mano.

Pienso que el oficio de zapatero es aún muy valorado y reconocido. Cuando uno encuentra el gusto por un trabajo, debe echarle todas las ganas, es un compromiso, es seguir adelante con este oficio.

A veces no sé si porque ya domino el área, el tiempo se me va muy rápido, sin darme cuenta de repente ya llevo tantos pares. Mi trabajo lo disfruto, me siento muy contento. Yo desde chavillo quería ser como mi papá y me da orgullo seguir sus pasos, más porque él ya no está. Me siento orgulloso de ser zapatero.

A mí se me facilita mucho las actividades que hago, debido a la experiencia que tengo, me gusta sentirme que soy de los mejores en el área.

 

 

LEYENDA


De acuerdo a la leyenda referente a la celebración, se relata que existieron dos grandes zapateros , miembros de una familia noble : San Crispín y San Crispiano, misioneros de la fe cristiana en Europa, quienes dedicaron su vida a dos únicas acciones: evangelizar y fabricar zapatos, esta última actividad para destinar sus ganancias a los pobres.

En aquella época, sufrieron persecuciones, amenazas y torturas por parte de la autoridad, misma que lamentablemente acabó con la vida de ambos un 25 de octubre del año 285.

Desde ese entonces, se conmemora el Día del zapatero.

 

 

 

 Yo desde los quince años tengo experiencia en el proceso de calzado.

Mi abuelo era montador, él hasta sus 80 años aún trabajaba en la casa, le llevaban el calzado y todo el proceso lo realizaba en su hogar. Al igual que mi mamá.

Mi mamá se dedicaba al adorno, ella hacía puro charol, trabajaba en la casa y ahí nos tenía, a mi hermano y a mí. Nos ponía a ayudarle.

En este entonces yo tenía como 7-8 años y nos ponía en la mesa los zapatos, las plantillas y nos iba diciendo y explicando cómo meterla, como adornarlo, desde muy pequeña ella me enseñó.

En ese entonces, le llevaban en unos canastos grandes que ahorita son parecidos a los del pan, ahí le llevaban el calzado y ella los terminaba. Se aventaba unas tres tareas como de 24 pares, ella sola, de todo a todo. Desde cortar hebras hasta encajillar.

Y yo estando ahí, me enseñe a eso. Posteriormente me fui a un taller y después Jean Pierre, fue la primera fábrica donde yo laboré.

Entre metiendo papel, de ahí me cambiaron a cremas, dar brillo, me capacitaron para sombrear, realmente para varias cosas. He aprendido mucho. Actualmente hago arreglos y trabajo muy de la mano con calidad.

De mi familia, mi hermano y yo somos los únicos que continuamos el oficio en el área de calzado.

Yo considero admirable, el trabajo de un zapatero, todo lleva una técnica, todo lleva un proceso. Hay un detrás de cada calzado, de cada pieza.

A veces se piensa que la piel ya viene pintada, la piel viene en un tono amarillo, se podría decir y todo el proceso que se hace aquí, desde fondear la piel, sortearla, difuminarla, el pincel. La gente se queda sorprendida cuando conoce los procesos de cada estilo, porque cada estilo lleva su técnica especial.

Siempre hay que desempeñar una actividad sin miedo, aprovechar las oportunidades. Y yo lo he disfrutado, he aprendido muchas cosas y sobre todo me gusta enseñarle a la gente, ser amable.

Pienso que el oficio de ser zapatero, va a seguir trascendiendo, mientras se tenga paciencia y ganas de aprender, con eso es más que suficiente.

 

 

LEÓN, GUANAJUATO

El arte en fabricación de calzado ha sido una industria clave en la economía de la ciudad durante décadas. Posicionando a la ciudad de León, como la capital del calzado, como una ciudad de gran tradición zapatera, un emporio y testigo de la evolución de este admirable oficio.

 

 

 

Para mí es un orgullo trabajar en Jean Pierre, porque es un calzado artesanal, todo lo que lleva, la calidad, los detalles, la suavidad, los materiales del zapato. Yo me siento orgulloso en poder elaborar un zapato tan fino como el que hacemos.

Yo inicié trabajando en el  arte del calzado a los 16 años, llegué aquí, me hicieron pruebas y me quedé.

Pero desde muy chico empecé a involucrarme en este complejo proceso. En la casa a mi mamá y a una hermana les llevaban zapato para coser y a veces si quería salir a jugar o quería comprar algo era como un intercambio, me ponían a ayudarles. Tenía como 7 años, con la agujilla que me picaba de repente y terminaba a llore y llore, pero quería jugar y hasta que no terminaba mis pares podía salir. A veces nos daban algo de dinero y rápido hacia todo para salirme.

Recuerdo que llegaba un señor y toda la gente se juntaba y en costalitos entregaba las piezas y al día siguiente pasaba ya por ellos.

Aquí en Jean Pierre, me encuentro en el área de pespunte. Hago tejido, forrado, tacones, plataformas, trenza manual, muchos detalles en el calzado, mi área es el corazón de la planta, porque de nosotros dependen muchas áreas más.

En lo personal me gusta mucho enseñar a la gente, ver cómo están aprendiendo. A mí también me enseñaron y no voy a ser egoísta, otra cosa que me apasiona es aprender más. Aquí realmente hacemos todo, cada pieza, cada proceso, todo lo hacemos manualmente y eso se refleja en la calidad del zapato.

Jean Pierre es una marca bien hecha, son artículos elaborados por gente que realmente sabe lo que hace, que sabe lo que significa. No cualquiera tiene las cualidades o conocimientos para poder fabricar y hacer arte en el calzado. Saber qué materiales puedes trabajar, cuales puedes colocar. Conocer todos los procesos.

Hay que seguir con la pasión de ser zapateros, para mí, ser zapatero es una satisfacción, una alegría el poder hacer un zapato que cumpla con las exigencias y cualidades que nuestros clientes requieren. 

 

 

JEAN PIERRE 

Con más de 50 años de tradiciones y generaciones que han perfeccionado técnicas y procesos, nos llena de orgullo formar parte de una gran historia en la industria del calzado, siendo una de las principales fuentes de empleo y riqueza en la región.

 

 

 

 El arte de hacer calzado, siempre me llamó mucho la atención. Mi papá era el único de la familia que era zapatero, el hacía de todo a todo. Empezaba a formar el calzado, yo llegue a verlo, incluso mi papá tuvo un tallercito, yo veía como trabajaba y me empezó a llamar mucho la atención. Fue ahí cuando me empecé a ilusionar con este mundo del calzado, tenía yo como 15 años.

Pero yo aprendí aparte, mi papa nunca me enseñó. Yo solo veía. A él no le gustaba que uno le ayudara, pero a mí me llamaba la atención todo lo que fabricaba.

Prácticamente empecé de cero cuando ingresé a trabajar. Vine a Jean Pierre y me dijeron que si quería aprender había oportunidad y yo dije: “pues me voy aventar, me voy a calar” y me gustó mucho.

Me gustó el trabajo en sí, la forma, los procesos en cómo se logra. Es un rompecabezas. Yo estoy en el área de pespunte y aquí llegan las piezas, uno las va armando o empalmando, dependiendo de lo que se vaya a hacer, posterior a ello se le entrega al pespuntador y nuevamente te lo regresan para continuar los pasos. Es un ir y venir, así se le va dando forma al calzado.

Todo el proceso de pieza por pieza, ir armando el calzado, me llamó mucho la atención. La disciplina con la que se trabaja aquí, es admirable.

Yo me siento muy orgullosa de lo que se logra al hacer un zapato y la calidad que hay detrás. Me da gusto ver el zapato terminado, siento muy bonito.

A mí me costó trabajo pero aprendí, es cosa de quitarse el miedo, de tener interés, que te llame la atención, que te guste lo que haces y sobre todo que lo hagas con amor, con cariño.

A mí me gusta fomentar este gusto, yo les hablo de mi experiencia a los nuevos compañeros, es un trabajo muy artesanal y complejo, pero me digo: “tengo que poder”, nadie me va a ganar. A veces uno aprende de los errores pero se levanta y eso es lo que cuenta, la actitud con la que uno venga cada día.

Al final uno se va a ir  y a mí me gustaría que dijeran: “yo aprendí de ella” “ella me enseño”. Todo está en la intención que le ponga uno mismo y nunca dejar de aprender.


 

En Jean Pierre, nuestra misión es lograr en cada una de nuestras piezas la calidad inigualable que durante tanto tiempo hemos conseguido, brindando con ello no solo un calzado; si no una pieza de arte en piel con una historia detrás, con generaciones de artesanos que han dado vida a cada material, a cada elemento para finalmente lograr una admirable pieza que trascienda en cada uno de tus pasos.

 
Es un orgullo ser ZAPATERO, es un orgullo ser LEONÉS, es un orgullo el talento que conforma Jean Pierre.

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